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viernes, 7 de agosto de 2009

Tan hondo

Entramos al mismo restauran Sirio de todos los domingos. No, no es que seamos colegas de la rutina, solo es el único lugar que a las 17:30 de la tarde nos dan de comer, con alegría.

La camarera China nos sienta en la misma mesa cada semana.

Desde que somos asiduos a este sitio me suelo hacer la misma pregunta ¿que hace una camarera china en un bar típico Sirio, no tengo ni idea!, pero es tan simpática que no se extrañan las bailarinas del vientre, que vienen entonando canciones al compás de las caderas... (Eso sonó a canción melosa de principio de los 90`), mis palabras ultima mente ya esta rosando lo chabacano, diría que a cierta edad uno pierde los complejos, pero estaría siendo demasiado exagerada para mi gusto.

Junto al ventanal estábamos estos cinco desconocidos, un cuarentón que ve el mundo con ojos de sonador, una realista en espera del abrazo, que aun piensa que existe la normalidad, un joven de ojos tibios, corazón caliente pero manos frías, un juerguista de cuidado cuya ternura se intenta desollar en cada ultima parranda y yo una loca que aun creen en la gente.

A estas alturas seguramente usted se preguntara que tienen en común estas persona, la verdad es que a simplemente vista, nada. Si me pongo vehementes seguro que tiraría una perorata sobre la calidad humana y de gente que es y esta, pero voy a ir a lo simple a lo cotidiano. Una señora llamada casualidad, que hace convertir las antipático en acompañar, los llantos en risas y los sarcasmos en llantos de risa. Y sobre todo el querer, tan inmediato. Es imposible tratar de intentar describir cual fue el segundo exacto en el que un desconocido te llego tan hondo que se tras formo en amigo, pero da igual pues hoy estoy sentada junto a cuatro des conocidos que yo tengo la suerte de llamar amigos.